En nuestra cultura existe una mitificación o prejuicio de que el
matrimonio es bueno y el divorcio es malo. Las investigaciones recientes
han demostrado que más de la separación de los padres, los efectos
negativos en la vida de los hijos se deben al hecho de crecer y
desarrollarse un ambiente de agresividad, desamor y conflictos.
Por otra parte, se considera que al divorciarnos destruimos la familia, lo
cual no necesariamente es cierto. Manejar esta creencia no es sano para
los hijos y tampoco para los padres, porque no les permiten ver que
tienen una familia y que el hecho de que los padres vivirán en casas
separadas no significa que ésta se termina .Muchos hombres y Mujeres
divorciados antes desea condición eran amorosos, apoyadores y
comprometidos. Está además la valiosísima presencia del resto de la
constelación familiar: abuelos, primos y tíos que no tienen por qué
perderse con la separación de los padres.
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